Cinerario

Desde esta puerta descienden a la tierra las cenizas de los difuntos. Ellos descansan junto al Santuario en espera de la Resurrección. Jesús es para nosotros el primero (letra “A”, alfa) y el último (letra “Ω”, omega), porque existe desde el principio y vivirá por siempre. Con su muerte (la cruz) venció nuestra muerte y nos regaló la Vida eterna.

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   La noticia de la Resurrección de Cristo es la más bella e imponente que hemos recibido en nuestra vida: es la Buena Noticia, la que nos responde todo lo que podamos preguntarnos acerca del misterio del hombre. En su Resurrección está el centro de nuestra fe cristiana y de nuestra salvación, ya que “si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe y también nuestra esperanza”, nos dice San Pablo en su Primera carta a los Corintios (1Cor.15,14).

Contemplando la imagen de Jesús Misericordioso, vemos a Cristo vencedor de la muerte, que se acerca a nosotros iluminándonos y dándonos la paz. Él es para los creyentes el anticipo y la promesa de su propia resurrección.

   La existencia misma no tendría sentido. Pero sabemos que Jesús no sólo ha resucitado sino que nos ha prometido, también a nosotros, la Resurrección. La Iglesia nos enseña que así como Cristo ha resucitado y vive para siempre, todos nosotros resucitaremos el último día. Es decir, nuestra vida no termina con la muerte, ya que hay otra Vida después de ésta: la que el Padre soñó para nosotros, sin dolor, enfermedad ni miseria que nos lastime.

 

Juan Pablo II decía que para esa Vida fuimos creados por Dios y por eso la vida cristiana terrena es como una gran peregrinación hacia la casa del Padre, que es nuestra verdadera patria.

  Por eso, en medio del enorme dolor de perder a un ser querido, en nuestro corazón se enciende la esperanza de volver a vernos y la certeza de que esta separación no es para siempre.

  ResponsoY, mientras esto sucede, dar un descanso cristiano y digno a los restos de nuestros difuntos, así como se veneran las reliquias de los santos, nos brinda un poco de consuelo y nos hace sentir más cerca de aquellos que amamos y nos precedieron en el camino.

  Por eso, la Iglesia volvió a aceptar en 1964 la cremación. Práctica que había sido prohibida para los católicos durante elsiglo XIX, debido a grupos que solicitaban la quema de sus cuerpos para negar “la resurrección de la carne y la Vida eterna”.
   Bendición de las cenizas

  Hoy en día la Iglesia recomienda, dada la complejidad de las grandes ciudades, que en determinados templos, ya sean parroquias, iglesias o santuarios, se construya un espacio físico para las cenizas de los cuerpos de los fieles difuntos, con el decoro y cuidado merecidos.

  Ese espacio físico se llama Cinerario y retomaría la antiguatradición de sepultar a los difuntos en las inmediaciones del templo parroquial.

  De este modo la Iglesia que, como Madre, ha llevado sacramentalmente en su seno al cristiano durante su peregrinación terrena, lo acompaña al término de su caminar para entregarlo en las manos del Padre y le ofrece su casa para que descanse en paz.

  Asperción con Agua BenditaEn Jesús Misericordioso contamos con un Cinerario para colocar las cenizas de nuestros difuntos queridos, donde podemos tenerlos cerca y en un espacio que sabemos nuestro.

  De esta manera le damos a este ritual el marco eclesial y sagrado que le corresponde, y pueden participar los familiares y amigos, culminando la despedida visible del ser querido.

  En este lugar recordemos a nuestros difuntos queridos, haciendo una oración por ellos.